martes, 1 de enero de 2008

El cuento del camaleón


Había una vez un camaleón tan feo, tan feo , tan feo que vivía en una infelicidad absoluta. Pasó su triste infancia sin un solo amigo ya que su aspecto era tan desagradable que nadie osaba a acercarse a él. Tenía un color caqui, opaco, su piel era áspera y unas enormes berrugas en su chepa acrecentaban las naúseas de los pocos que se topaban con él.

El pequeño camaleón creció y se hizo adolescente, era un ser necesitado de los demás que hubiera hecho cualquier locura con tal de conseguir unas migajas de afecto.

Un día, salió al bosque, un día de otros tantos, de otros muchos pero, rompiendo su monotonía pasó algo que nunca antes había logrado experimentar. Un fuerte viento del sur le hizo volar sin saber la dirección a la que se dirigía, la arena metida en sus ojos, le impedía ver más allá de sus lágrimas, cual sería su sorpresa que cuando el tornado amainó, reposaba tranquilo sobre una amapola de un bello rojo intenso y suaves pétalos, pero... "¿cómo?" "¡Mi piel!", se preguntó, era idéntica a aquellos explédidos pétalos de la flor, aterciopelada, brillante, fogosa.

El animalito no daba crédito a lo que veían sus ojos, pensó estar en un sueño del que no quería despertar. Pero pronto se percató que era realidad, era precioso, llamativo, lo supo en cuanto todas las amapolas del bosque se acercaban extrañadas a saludarle pensando que era un forastero. Le adoraban, era el rey en el campo de amapolas, el mejor.El camaleón empezó a descubrir el poder de su piel y así, la cambiaba a su antojo en función de donde estuviera, si estaba con los girasoles, sus escamas chispeaban rayos amarillos y naranjas, cuando visitaba a los lirios, su blanco emanaba más pureza que ninguno, no había azucenas que pudieran igualar el color de la piel del camaleón cuando las imitaba.

La vanidad, empezó a apoderarse de él y recorrió todas las flores del bosque para poder demostrarlas que podría ser mucho más bello que todas ellas. Las flores empezaron a incomodarse con su compañía, ya no les interesaba su piel cambiante, no podían disfrutar de ella porque sus ojos llenos de avaricia, lo inundaban todo.

Una mañana de invierno, las flores decidieron descansar dejando caer sus pesados pétalos hasta la primavera y el camaleón se vió solo, sin sitios donde acudir, ni flores donde reposar. Se miró en un charco y no se vió, solo veía una piel transparente y unos ojos inexpresivos, el charco, al ver su cara de asombro, le preguntó: "¿qué clase de bicho eres? y "¿Cuál es tu color?" el camaleón, miró de nuevo su reflejo y le contestó: "no lo sé".

8 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Un cuento precioso, y muy didáctico. Si un día ves que mi piel cambia de color y la vanidad se apodera de mí, dame una mano de pintura.

Pero de momento seguiré visitando las flores, prefiero las orquídeas a las amapolas, para ver si algún día me contagio de su color.

Patricia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Patricia dijo...

Míra la orquídea, huélela, ponla en un lugar donde se luzca en tu casa...pero no dejes que te tiña de su color, esto vale para ti y para todos.

Un besote cuñao

Juanma Ríos dijo...

Precioso el cuento !!!

Soy nuevo por aquí, pero ya te tengo entre mis feeds diarios/semanales. Me gusta el tono de tu blog, desenfadado, directo e inspirador.

Saludos desde Málaga!

Patricia dijo...

Me alegra que te guste, muchas gracias. Me pasaré por tu blog a hacerte una visitilla. Y un saludo a Málaga, es como mi segunda casa.

Mamen dijo...

Vaya, qué casualidad! Creo que he visto ese dibujo de los reyes magos en alguna parte... Jejejeje.

Noelia Fuentes de la Calle dijo...

Que bonito el cuento.....

Anónimo dijo...

hola esta bn bn el camaleon pero toca q mires muy bn las palabras y corregirlas porq estan malas escritas corregirlas
no lo tomes a mal pero corregirla es lo q pueden hacer
quedo lindo el cuento